Cómo se hace una introducción perfecta.

En el apartado anterior, “Cómo  hacer una introducción”, revisamos puntos esenciales a cuidar antes de comenzar a escribir nuestro ensayo: las fuentes de información y revisión de bibliografía; y el lenguaje. En este apartado revisaremos más a fondo el lenguaje que necesitaremos y diversas maneras de iniciar nuestro ensayo.

¿Cómo se hace una introducción perfecta?

No se puede dar una respuesta sencilla a esta pregunta, pues no existen fórmulas mágicas para la realización de escritos. A veces, la escritura de una introducción, no perfecta pero sí eficaz, surge por un golpe de suerte. El ensayo, como afirma José Luis Gómez Martínez, en su Teoría del ensayo, puede surgir de cualquier pretexto: algo que veamos que sucede en la calle, en la oficina, en la escuela; del sabor de un panqué, de un día llovioso, de mojarnos los pies en un bache profundo pensando que era un charco poco hondo, etc. Esta misma cualidad del ensayo, que surge de los aconteceres del día a día, permite, por medio de la anécdota, hacer surgir la idea en la cabeza del lector al tratar de generar empatía.

Un ejemplo: Supongamos que hablaremos del origen o génesis de los calcetines. Pues resulta, lector, que una noche fría, de aquellas que calan hasta los huesos, busqué a oscuras los guantes en el segundo cajón de la cómoda, pues necesitaba salir por una medicina a la farmacia. A tientas, los cogí y cerré el cajón; pero, al momento en que me los ponía, caí en la cuenta de que no había ningún agujero para los dedos. Prendí la luz y recordé que mamá estuvo de visita en casa. Había tomado un par de calcetines en vez de guantes. Y viendo mi mano izquierda, un muñón dentro del calcetín, pensé, por un momento, si los guantes y los calcetines se originaron al mismo tiempo. O si los guantes fueron primero, y después los calcetines; o viceversa.

Podemos introducir al lector en el ensayo de una manera eficaz al compartir una anécdota que pudiera ocurrirle a cualquiera de nosotros. Sin embargo, hay que tener cuidado al usar anécdotas de carácter más específico, por ejemplo, cuando un halcón nos atacó mientras escalábamos un peñasco. Este tipo de anécdotas pueden ser muy atractivas, pero sólo hacia un grupo reducido de gente que pueda compartir, en cierto grado, la experiencia de escalar un peñasco.

Saber cómo se hace una introducción perfecta es difícil, y hay que enfocarse, más que nada, en los lectores. Otra forma de iniciar nuestra introducción llamando la atención del lector puede ser con una pregunta retórica, por ejemplo: ¿Lo viví o lo soñé? Esta pregunta, para ahondar en la ejemplificación, se me ocurre nos serviría para iniciar un ensayo respecto a las “alucinaciones hipnogógicas”, y atraería la atención de un gran porcentaje del público lector. Despierta la curiosidad y a la vez nos conecta con una experiencia que la gran mayoría de la gente ha experimentado, y desconoce sus causas.

Otra forma de iniciar una introducción y captar al mismo tiempo la total atención del lector desde el primer instante, puede ser con un enunciado que cause revuelo en la mente del que lee. Algunas palabras o frases controversiales pueden ayudarnos a ello. Tomemos un ejemplo del teatro francés de finales del siglo XIX, en una obra de Alfred Jarry denominada Ubú Rey: se abre el telón y hay un hombre de sobresaliente vientre con un espiral dibujado desde su ombligo que cubre todo su torso. El individuo lo primero que hace al levantarse el telón es gritar la palabra “¡Merde!”, que significa “heces” (por no escribir otra que pueda ofender a los lectores de esta página). El público, como es de esperarse, queda atónito, impactado. Este es sólo un ejemplo de un inicio de shock con una palabra controversial dicha en público y dentro de una obra de teatro hace más de cien años. Sin embargo, hay que tener cuidado en cómo se hace una introducción perfecta, o cercana a ello, pues si metemos mucha controversia al inicio de nuestro ensayo con una palabra u oración que indigne o cause repulsión, más que impacte y deje prendidos a los lectores, correremos el riesgo de que no se nos lea.

Para aprender cómo se hace una introducción perfecta, o cercana a ello, es necesario que ejercitemos nuestra escritura y que nunca perdamos nuestro objetivo principal, que son los lectores o el lector.

Ubu